Jardineros de Grandes Paredes (2002)

Jardineros de Grandes Paredes (VIII+, 300m, 11 largos).
(5.12a YDS, 300m, 11 largos)
FA: Helmut Gargitter (ITA), Walter Obergolser (ITA), Toni Obojes (ITA), Pauli Trenkwalder (ITA), Renato Botte (ITA) e Iván Calderón (VEN). 
Fecha: Noviembre 2002.
Acopan Tepui. Estado Bolívar.
Venezuela.

Fuente: Hemut Gargitter. 
Fotografía: 

Lentamente, el gran Airbus traza su curva sobre la metrópolis de Caracas. Tras ocho horas de vuelo, llegamos a Venezuela: Helli, Pauli, Toni, Walter y yo. Allí nos espera Iván, un escalador local.

Una nueva aventura había comenzado hace ya tiempo en nuestras mentes. Buscábamos, una vez más, un destino desconocido, exótico y emocionante. Helli, nuestro motor del grupo, recopiló muchísima información. Surgieron la alegría, la tensión y la incertidumbre; montañas como el Roraima, Kukenán, Amurí y Acopán ocupaban nuestros pensamientos.

Llenos de expectativa, nos encontramos ahora aquí, bajo el calor húmedo de la gran ciudad, cargados de equipo de escalada y alertas, ya que la reputación de Caracas no es la mejor. Iván, quien seguramente también siente curiosidad por saber quiénes somos los que llegamos, ya nos está esperando.

El viaje...

Todo marcha sobre ruedas y, a la mañana siguiente, ya estamos sentados en un autobús que nos llevará hacia el Sur, a nuestro próximo destino: Santa Elena. El autobús, totalmente gélido por el aire acondicionado, ruge - en las carreteras de Venezuela no hay límites de velocidad y apenas hay tráfico - durante diecinueve horas de trayecto hasta la frontera brasileña.

Hacia el mediodía llegamos a Santa Elena, un pequeño pueblo fronterizo con aire de Lejano Oeste. Muy pocos turistas se mezclan entre buscadores de oro, militares e indígenas Pemón. Nos encontramos en el Macizo Guayanés, un enorme zócalo de granito formado en los albores de la historia de la Tierra.

Las formaciones más impresionantes de esta zona son los Tepuis, que significa "Casa de los Dioses". Estos se alzan verticalmente desde las llanuras de la Gran Sabana. Los tepuis suelen estar rodeados por una selva densa y, debido a su difícil acceso, apenas han sido explorados y, en su mayoría, nunca han sido escalados. Numerosas cascadas se precipitan al vacío, contribuyendo al paisaje único de la región.

Compramos víveres, gasolina, machetes, y organizamos una avioneta. Solo así podemos alcanzar nuestro objetivo: el Tepui Acopán. Traqueteamos con el aparato totalmente sobrecargado por la irregular pista de despegue. ¿Saldrá todo bien?

Raphael, el mejor piloto de la Gran Sabana según Iván, se persigna y eleva la máquina lentamente. Tras una hora de vuelo sobre la tierra seca, surcada por ríos y selva, señala un grupo de casas: nuestro destino. Tras un espectacular vuelo panorámico alrededor del Acopán, aterriza rápidamente en un tramo muy corto de sabana.

En medio de la nada...

En cuanto se asienta el polvo, nos vemos rodeados de gente que se alegra por la distracción. Solo los niños se esconden. Nuestro cordón umbilical con la civilización se aleja volando; volverá dentro de dos semanas...

Iván explica nuestro proyecto a los lugareños; un "oh" de impresión recorre el grupo. Somos bienvenidos y nos alojan bajo un techo de bambú. Varios hombres nos ayudan a cargar el material hasta el campamento base. Bajo un calor intenso y una humedad elevada, cruzamos ríos y nos abrimos paso por la selva hasta instalar nuestro campamento cerca de un arroyo.

Leonardo - jefe de la aldea, sacerdote, maestro y guía - nos acompañará. Él cuelga su hamaca, pero nosotros preferimos la tienda para protegernos de los mosquitos, que pican sin piedad. Al segundo día ya estoy cubierto de picaduras.

La ruta de escalada...

Con binoculares, buscamos una línea lógica en la pared. Aquí tenemos libertad absoluta, pues no existen rutas en este macizo infinito. La aproximación es el primer reto: los sonidos y las historias sobre serpientes, jaguares y arañas me ponen alerta. El bosque es tan empinado que hay que trepar usando lianas y raíces. La roca también es traicionera; bloques de arenisca del tamaño de un hombre acechan listos para caer.

Juntos encontramos nuestra línea: un pilar prominente con una "cima" llamativa. Tras horas de aproximación por lodo y hierba alta (el hábitat preferido de las serpientes), llegamos al inicio. Leonardo observa con atención.

Largo tras largo, subimos por la tierra de nadie. Tensos, pero motivados: buena roca, fisuras, cactus, techos y cuevas. Por la noche bajamos al campamento, cenamos y hablamos de "lo divino y lo humano". El tema principal es la pared. Estamos aquí, hemos asumido el riesgo, sabiendo que el fracaso es posible. En el fondo es algo inútil y superfluo, pero para mí, ahora mismo, es lo más importante.

Y todo sale bien...

Pasamos una noche todos juntos en la pared, en un saliente a un largo de la cumbre. Nos divertimos, bromeamos, comemos atún en lata y galletas. No nos falta nada. Observamos la lluvia caer a cántaros. Por la mañana, un amanecer glorioso nos premia; los primeros rayos iluminan rostros felices. Queda el último largo... y el sueño se hace realidad.

Logramos alcanzar una nueva meta, "desencantar" el objetivo. Estamos todos arriba. Soy feliz. Después de toda la paliza, de escalar de primero, de usar los jumars (ascendedores), de la sed, de asegurar y de rapelar, finalmente recogemos las cuerdas fijas. En la pared solo quedan las reuniones.

¿Cuál es el atractivo de estas expediciones?

Estas experiencias me permiten asomarme a culturas ajenas, conocer gente nueva y mirar más allá de nuestras fronteras.

Acopan Tepui, Venezuela

La ruta Jardineros de Grandes Paredes (8+) cuenta con 10 largos en la pared Este del Acopan Tepui. Fue abierta en noviembre de 2002 por Helmut Gargitter, Walter Obergolser, Toni Obojes, Pauli Trenkwalder, Iván Calderón y Renato Botte.

La vía fue abierta desde abajo. Las Reuniones están equipadas con un parabolt y un clavo convencional. Quienes deseen repetirla necesitan: Un juego de Friends, Microfriends y un juego de empotradores.

Cómo llegar:

Desde Caracas en autobús o avión hacia Santa Elena de Uairén, y desde allí en avioneta de carga hacia la comunidad Yunek.


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